Dos
versiones nos envía Matías de su paisaje costero, -una hermosa fotografía donde
el interés no está dado por un objeto
bello, sino por la manera como se disponen los elementos en el plano para caracterizarlo.
Destacaría una actitud muy importante en un
fotógrafo que desea desarrollar una mirada personal. Esto es: volver sobre la
imagen reiteradas veces: recomponer, cambiar la intensidad, variar la
temperatura de color, hasta lograr el resultado deseado. Porque no se trata de
conservar un registro fidedigno, sino de expresar una impresión. Y luego
guardarla en la” Carpeta de las Fotografías seleccionadas”, las cuáles posteriormente irá comparando con otras
también seleccionadas. Sólo así se va tomando conciencia de las características
de nuestra mirada personal.
En esta primera –respecto de la versión
original que me envió por mi Facebook, aparecen dos
cambios importantes que refuerzan la imagen. Aumento el contraste,
agregó amarillo para reforzar la luz del
atardecer, De este modo la impresión del
secano costero queda reforzada y la cerca –de izquierda a derecha
descendiendo- refuerza la impresión de profundad.Mientras el mar,
ligeramente sobre-expuesto disminuye su
importancia relativa.
En esta segunda versión ha reducido el contraste, y la tonalidad amarilla, con lo
que ha mejorado el rendimiento del mar,
y ambas partes de la imagen se equilibran, perdiendo la relevancia el secano
costero y mejorando la definición del mar.
En este caso
las dos imágenes tienen direcciones
comunicacionales distintas, en la primera destacar en secano costero, mientras en la
segunda el mar comienza a tomar mayor significado. Tal vez esto podría
reforzarse con un recorte en el extremo
inferior como lo represento más abajo.
Una mirada a Agustín Abarca cuyo pintura se expone en el Museo Nacional de Bellas Artes, puede ser una bendición para el alma
Juan Meza-Lopehandia 14 ago. 2018




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