lunes, 28 de mayo de 2018

"Del registro a la mirada".Una parábola



Había invitado a un  fotógrafo profesional a acompañarme. Ese año  el desierto florido estaba exuberante. También él, apenas  bajamos, deambulaba extasiado, de aquí para allá, gozaba como niño. Sacaba fotos interrumpidamente procurando no mancharse los impecables pantalones blancos.

 Hice pocas fotografías  y gocé del viento marino, de las pequeñas florcillas creciendo  entre las rocas, el musgo apenas renovaba entre las piedras  a resguardo del  sol. Procure  quedara todo eso también en las imágenes.
Tiempo después, cuando nos  volvimos a encontrar en su casa, me mostró orgulloso un alto de unas cuatrocientas fotografías.
-         Y que te parecen las “fotitos”-me pregunto  algo ansioso.
Tome  el fajo, y como si fuera un mazo de naipe, lo  corté en cuatro montones. Allí estaba cuatro imágenes iguales, solo cambiaba el motivo, Corte otro más, idéntico resultado.
Con una brutalidad de la cual luego me arrepentí, le espeté.
-         Es la misma imagen cuatrocientas veces repetidas.-
Mi amigo calló, tal vez quiso arrepentirse de serlo.  Finalmente perseveró.
Analizamos el trabajo, había dos tipos de imágenes. Una foto de carnet de la flor individual, sacada con  luz frontal y sin detalles. Otras de grupos de plantas como equipo de fútbol  estructuradas en dos niveles.
Años después  luego de otras varias ocasiones yendo juntos al desierto  Oscar me confesó: ese había sido el momento crucial, cuando había iniciado su tránsito del Registro a la Mirada fotográfica.
También se compró un mameluco.
                                                                            Juan Meza-Lopehandía.
                                                                                        14 Mayo, 2018

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